Vuelve al Jadín de ideas

Laura Casielles Hernández

En escritura, fotografía.

Nota biográfica

Laura Casielles nació en Oviedo en 1986, volvió a nacer al mudarse a Madrid en 2004 y de nuevo cuando en 2007, septiembre y apresurada, se escapó a París.

Si hablábamos de escritura, habrá que decir que ganó algún premio alguna vez y que con los dineros puso tierra por medio, que también escribiendo logró que la embarcaran en la Ruta Quetzal y luego en la Ruta Inka, que colabora con Hesperya más de lo que le permite el tiempo, que salió en el segundo Bar Sobia, que tiene publicados dos cuentos en sendas antologías pero uno prefiere que no lo vea nadie, que recitó entre las Voz + Joven de la Casa Encendida del 2007 y le hizo mucha ilusión, que en ensayo una vez ganó una Olimpiada de Filosofía, que mantiene con terrible irregularidad un blog con uñas.

Pero también podemos hablar de otras cosas. De que gusta estudiar idiomas de cuanto más lejos, porque es lo más parecido a viajar y más barato y aunque ahora lleva a todas partes fichitas de caracteres chinos, el árabe le está costando más. De que empezó a estudiar periodismo con una cierta idea de que sería el mal menor, y cuando vio que no, en sabe Dios qué momento de desatino le dio por empezar la locura de simultanear aulas con las de la Facultad de Filosofía. De que como los abandonos a medias no salvan ningún alma, dos años más tarde sintió de nuevo la irrefrenable necesidad de huir, y Erasmus mediante, ha aterrizado en el 48 rue de la Clef, Barrio Latino, para darle por un año a la Ciencia Política en una universidad donde la cafetería tiene luces moradas. De que intenta aprender a dibujar, no desaprender a tocar el saxo, acordarse de vez en cuando de que durante muchos años le apasionó la danza. De que siempre que puede, hace las maletas porque la fotografía, por más que se empeñe, sólo se le da bien cuando está de viaje.  

No hablaremos de que no sabe decir que no cuando se le proponen proyectos.

Ni de que no sabe hacer otra cosa que animar a los que emprenden los más descabellados.

Porque podrían ustedes utilizarlo en su contra, y eso sí que no. 

Su trabajo

Algunos de sus poemas

Lo que más molestaba
a Teseo
-motivo suficiente incluso para un abandono
sin excesos sutiles-
era saber que, sin ella,
nunca hubiera desatado el laberinto,
nunca sido héroe,
nunca vencido fieras ni fantasmas.
Muchacho,
dijo el minotauro atravesado,
eres el más grande de los héroes,
tremendo truco el hilo.
Y mientras el monstruo se desangraba,
afligido por la duda de su mérito Teseo
comprendió
que ya
no iba
a amar a Ariadna. 
 
*

De pronto la perra Laika tenía
la luna de aullar al alcance de las fauces,
pelota de cráter. 
Pero la perra espacial no sabía
conducir la nave. 


Algunas de sus fotografías


En La Habana, a veces, llueve