Vuelve al Jadín de ideas

Héctor Gómez Navarro

En escritura.

Nota biográfica

Héctor Gómez Navarro (Gijón, 1983) no sabe silbar pero de niño tocaba el violín y el piano. Tal confusión sonora le lleva a preocuparse por los ritmos y valorar aquello que decía Cortázar de que el asunto es que la escritura suene. Además de decir, claro, además de decir. Como los sones aquí no le gustaban mucho y le entristece la lluvia, desde crío aprendió a pensarse al otro lado del mar y algún día recorrerá selvas a caballo, buscando al último habitante que hable alguna hermosa y casi extinguida lengua. Cosas de filólogos románticos...

Miembro del Grupo Versativa, cuando éste paró actividades se subió al carro de Hesperya y su coordinación. En la revista ha publicado artículos, poemas y relatos. De su estancia universitaria en Piura (Perú) durante los últimos meses de 2006, se trajo nuevos acentos y la participación en la antología Ladran los perros (ed. Pluma Libre) que reúne textos del Boletín Literario Magenta. En 2007 quedó tercero en el VI Concurso de Poesía Joven de la Fiesta del PC. Y allá por 2003 fue Poeta del Alba en Candás, quizá porque siempre se ha sentido más cómodo en el agua que sobre tierra firme.

Mantiene un blog que debería actualizar mucho más a menudo y que se resiste a todas las ofertas de rediseño que se le proponen. Pero es que Los cuentos del Capitán tiene encanto igualmente.

Su trabajo

El visitante se alegró de encontrar, en aquella noche de lluvia, un hotel con habitaciones libres.
- Suba a ducharse, está empapado. Ahora envío a un mozo con sus maletas -dijo el recepcionista.

La habitación era sencilla, más propia de un celda de monje. Pero era acogedora, y un lugar caliente donde pasar la noche.
- Adelante -dijo el visitante, saliendo de la ducha con una toalla a la cintura.
- Sus maletas, señor -dijo el empleado.
- Gracias. Ha sido una suerte que tuviesen espacio en una noche como esta -comentó el visitante mientras alargaba al joven una propina.
- La gente de los alrededores no suele alojarse aquí. Sabe, esto era un manicomio. Hasta que se marcharon los médicos.
-¿Y qué fue de los locos?-preguntó el visitante, distraído en abrir sus maletas.
Mientras cerraba la puerta al salir, al empleado respondió:

- Nos quedamos.