Vuelve al Jadín de ideas

Carlos Iglesias Díez

En escritura.

Nota biográfica

En un principio, la poesía fue para mí la voz de mi madre: la recuerdo sentada al borde de mi cama mientras me leía poemas infantiles de García Lorca y Gloria Fuertes, o aquellos otros de Jose Agustín Goytisolo que tanto contribuyó a popularizar Paco Ibáñez , y que hablaban de "lobitos buenos", "brujas hermosas", y mundos al revés. Hasta 2001, fecha de mi ingreso en la universidad, yo era consciente de que me gustaba y me apetecía escribir, pero no había encontrado una forma adecuada para dar un cauce literario a todo aquello que recordaba, pensaba, y sentía. A raíz de una propuesta de un taller de Literatura al que solía acudir, empecé a escribir un pequeño diccionario personal que, poco a poco, fue creciendo y transformándose en lo que habría en lo que habría de ser mi primer poemario: Retales de Espera.

Con aquel primer libro llegué, con gran sorpresa por mi parte, a resultar finalista de un premio: el Asturias Joven de Poesía 2003. Ello no hizo sino reafirmarme en la idea de que, por fin, había encontrado mi forma de escribir. Pero antes de ese año, en el 2002, ya había escrito un nuevo poemario con un tono y una motivación algo distinta: esa nueva colección se llamó Virna o el silencio.

Gracias precisamente a Virna… cumplí el viejo sueño de poder publicar por primera vez. De forma paralela a este breve poemario, fueron surgiendo otros dos Huellas de Luna y Haikus Lunares (ambas de 2003). Durante el 2003 y 2004 dejé a un lado el componente más o menos "experimental" que habían tenido las dos colecciones 'oníricas' en favor de un retorno al viejo pero siempre novedoso, al dulce pero siempre doloroso tema del amor. Este retorno vino marcado por dos nuevas colecciones: Puntos suspensivos (2003-2004) y Los cinco días de Marta (2005). La primera de ellas fue, a nivel personal y emocional, la más dura de las seis colecciones que he escrito: los poemas fueron surgiendo en medio de un complicado y agitado proceso de cambio y de readaptación vital y sentimental, a lo largo del cual aprendí que el desamor también puede tomar la forma de un desierto helado, y que la escritura y los recuerdos pueden ayudar a atravesarlo; la segunda continúa abierta hoy en día, porque hay veces en que la materia de los sueños puede hacerse real, y es entonces cuando las palabras se convierten en ese soplo de vida que después intentaremos fijar sobre el papel, transformándola de nuevo en poesía...

Su trabajo

Echarte de menos

Echarte de menos no es algo que pueda definirse.

Pueden ser las manos invisibles de un minuto,
reteniendo tu olor y tu forma de caminar conmigo. 

Pueden ser las horas de un domingo, deslizándose
hacia el lunes como culebras impacientes,
o esa conversación que muere sin haber nacido
cuando entro en un taxi.

Puede ser el silencio hostil al otro lado del teléfono,
o ese  aire de campo de batalla que tiene esta ciudad
algunas veces.

Puede ser todo lo que no hay tras los puntos suspensivos
de mi vida , o esa nieve que cae cuando pestañeas.

*

Sin palabras

Pienso en días desaparecidos, que tus labios expulsan como bocanadas de   
humo. 
Todavía el tiempo no era esa cicatriz en tu mejilla. Tampoco la felicidad   
llevaba máscara. El amor se parecía a jugar al parchís en una alfombra azul, 
y a oscuros susurros, suspendidos sobre habitaciones de aire. Las calles eran
manos enlazadas que no acababan nunca, y solares con gatos que acudían a
tus dedos para beber la ternura. Tú y yo éramos un abrazo más allá de las
agujas.
Ahora sólo soy una sombra que se niega a vender sus recuerdos,
y que aún sigue abrazándote desde ese arrasado bosque marino que siempre  
veo en tus ojos.